Debemos estar atentos a las señales. A ciertas manifestaciones del universo que aparecen de manera imprevista para indicar algo que en nuestra confusión no llegamos a registrar e interpretar. Nos enroscamos en cuestiones sin solución, braceando desesperados entre los restos de un naufragio, ajenos a ese pedazo de madera que flota, a esa salvación en el medio del mar.
No hay que esperar esas señales en pocos frecuentes acontecimientos climáticos. O en apariciones fantasmales. A veces esos signos aparecen de forma inesperada en una situación de lo más cotidiana, algo de todos los días, en una acción tan normal y ordinaria como enviar y recibir un mensaje por whatsapp.
Ahí, envueltos en la corriente, desconcertados, preguntamos por preguntar: “¿qué estás escuchando?” y en la respuesta está cifrada la solución, el faro en la orilla que nos va a guiar a tierra firme. Algo hace clic en nuestras cabezas. Y nadamos. Crecemos. Porque mañana es mejor.

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