- Lunes: Charly García – Hello!
- Martes: Luis Alberto Spinetta - Estrelicia
- Miércoles: Illya Kuryaki & the Valderramas – Ninja Mental
- Jueves: Los Ratones Paranoicos – MTV Unplugged
- Viernes: Fito Paez - Euforia
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lunes, 25 de julio de 2016
5 días 5 discos (acústicos y argentinos)
domingo, 10 de julio de 2016
lunes, 23 de mayo de 2016
5 días 5 discos (nacionales y ochentosos)
En la redacción/oficina/estudio de DISCOS PERFECTOS tenemos especial predilección por el rock nacional (lease
argentino) de la década del ochenta. Por la música, obviamente, y por las
historias que giran alrededor de ella. Las protagonizadas por sus estrellas más
rutilantes y también aquellas que tienen a personajes menos conocidos.
Corazones en llamas, recientemente reeditado, es una de nuestros libros de
cabecera en ese sentido.
En estos días estuvimos leyendo Gente que no, un libro de
Daniel Flores editado por Ediciones Piloto de Tormenta que repasa la carrera
de bandas que no figuran en el pelotón
de las más renombradas de aquellos tiempos pero que sin duda supieron dejar una
marca. Oscura y subterránea, pero marca al fin. Una buena forma de acercarse a
la historia de Los Pillos, Los corrosivos, unos primigenios Todos tus Muertos,
El Corte, Mimilocos, Uno x Uno y, quizás los dos que más renombre tuvieron, La
sobrecarga y Don Cornelio.
Hoy lunes, como para aumentar este fervor ochentoso,
elegimos musicalizar la mañana escuchando los primeros discos de Soda Stereo.
De todo esto, no podía ser de otra manera, surgió el #5Días5Discos que le
pondrá banda de sonido a este viaje que nos llevará del lunes al viernes. Un
quinteto de discos argentinos editados entre 1980 y 1989. A darle play.
- Lunes: Los Twist – La dicha en movimiento
- Martes: Fricción - Antología
- Miércoles: Charly García- Piano Bar
- Jueves: Don Cornelio y la Zona – Patria o muerte
- Viernes: Virus - Locura
Martes:
Miércoles:
Jueves:
Viernes:
viernes, 29 de abril de 2016
El tema del viernes: Bancate ese defecto
Es un viernes raro. Rarísimo. Afuera hay movilización y el
ruido de los bombos, los petardos y las sirenas es ensordecedor acá en el
centro porteño.
La realidad se esfuerza en tejer un entramado que suena enloquecedor,
amplificada (o creada, nunca me queda claro) por un bombardeo informativo prepotente
que no da respiro, que nos empuja y demanda a tomar partido.
Estoy abrumado
querido lector, y sólo se me ocurre una frase que se repite al infinito “Están
pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal”. Forma
parte de Bancate ese defecto, canción que está incluida en Clics Modernos. La
escribió Charly García en 1983, pero aplica perfectamente para los días que
corren. Algo que sirve para recordar que García siempre estuvo un paso adelante.
Saquemos los parlantes a la ventana, pongamos la música,
fuerte y ganemos la calle para bailar. Es hora de que los chicos y las chicas
hagamos algo por cambiar. Let’s dance.
jueves, 27 de marzo de 2014
Se ha abierto un piano bar
Esta mañana
mientras hacía un breve zapping radial, escuche mencionar que hoy se
cumplen treinta años de la edición de Piano Bar, tercer disco solista de Charly
García. Cuando ya en la oficina quise comprobar la veracidad del dato, mi
pequeña investigación (chequear en Google, en realidad) no arrojó datos
precisos al respecto. Ante la duda, no está de más volver a escuchar y celebrar
¿Es el Charly
García de la trilogía Yendo de la cama al living/Clics Modernos/Piano bar el mejor
García? A pesar de que disfruto enormemente de La máquina de hacer pájaros y de
Serú Girán, tiendo a pensar que el período que abarca esos tres discos (cuatro
sí queremos extender el ciclo virtuoso hasta Parte de la religión) representa lo
mejor de la obra del bicolor. Un período excepcional.
Piano Bar
es radicalmente opuesto a Clics Modernos, su antecesor. Más directo. García junto a la banda que lo acompañaba por aquel
entonces (una de las mejores de su carrera en solitario), Pablo Guyot en la guitarra, Alfredo Toth en el
bajo, Willy Iturri en la batería y Fito Paez en teclados, en los Estudios Ion y
grabo el disco prácticamente en vivo, lo que le da al sonido de las canciones
un sensación de urgencia e inmediatez.
Quizás la
imagen más célebre de Piano Bar, las sesiones de grabación fueron registradas
en video, sea la de Charly cantando Raros peinados nuevos cantando que sólo
quiere ser un enfermero, vestido como tal, mientras juega con un revólver y una
botella de kétchup. Como nunca, García logró sintonizar con la época, de forma
tal que de ahí en adelante, hablar de raros peinados nuevos, es hacer
referencia a la década de los ochentas, a la primavera alfonsinista, y al rock
nacional de esos tiempos.
lunes, 13 de enero de 2014
5 Días 5 Discos (bicolores)
Mr. Charly García no estuvo ahí desde el principio. Su aparición con Sui Generis tuvo lugar cuando los cimientos del rock nacional ya estaban establecidos por la primera camada de fundadores. Pese a esta llegada tarde, su enorme talento y una obra inigualable lo convirtieron en una de las máximas figuras del firmamento rockero vernaculo. Honor que comparte con Luis Alberto Spinetta.
Armar una lista que resuma lo mejor de García, resulta poco menos que una faena imposible. Sin embargo, nos armamos de valor e intentamos elegir cinco discos suyos (de su carrera solista y de sus bandas) para que sean la música que nos acompañe durante esta semana que está comenzando. Un quinteto imbatible que sirve para ejemplificar la capacidad del cantante y pianista para componer canciones con destino de eternidad.
- Lunes: Serú Girán - Grasa de las capitales
- Martes: Charly García - Filosofía barata y zapatos de goma
- Miércoles: Charly García - Yendo de la cama al living
- Jueves: Charly García - Parte de la religión
- Viernes: La máquina de hacer pájaros - Películas
Comenten: ¿Con qué discos de Charly García armarían su lista para #5Días5Discos?Lunes: Viernes 3 AM Martes: Me siento mucho mejor Miércoles: Inconsciente colectivo Jueves: Adela en el carrousel Viernes: Hipercandombe
miércoles, 30 de octubre de 2013
30/10/83 (El régimen se acabo)
Hay sucesos de una transcendecia tan extraordinaria, que son capaces de grabar sus impresiones como una huella profunda e indeleble. Un tatuaje en la piel del recuerdo que, aunque pueda perder nitidez con el paso de los años, nos lleva a un tiempo y un lugar específico. Aún para aquellos que en el momento de la acción, no tenían (no teníamos) la edad suficiente para captar todo lo que estaba pasando alrededor.
Recuerdo vividamente el 30 de octubre de 1983. Recuerdo colores, sensaciones, la excitación extraña de algo nuevo e incompresible para un chico de siete años. Recuerdo la historieta de Superhijitus en mis manos, la lectura en el balcón y el sol allá arriba, alumbrando, marcando el camino de salida del tunel del horror.
Era temprano. Las nueve de la mañana. O las diez, tal vez. La gente iba y venía en la puerta de entrada del colegio (que era también mi colegio) que estaba al lado de mi casa. Se veían como hormigas desde la inconmensurable altura que para mi representaban los seis pisos que me separaban del suelo. Eran como hormigas concientes de la fundamental tarea que les tocaba desempeñar en ese día tan particular.
Recuerdo la espera, porque en ese tiempo había que esperar. Y era raro, porque había tenso placer en esa espera. Era radio AM y cuatro canales de televisión. Nada más. Las conexiones en vivo con el centro de computos instalado en el Correo Central actualizaban las informaciones. Ahí, en un gigantesco pizarrón, el más grande que mis ojos escolares hubieran visto jamás, señores de traje anotaban cifras. Números que crecían lentos, pero que confirmaban que la dirección del viento estaba cambiando. Limpiando el aire fétido de largos años en descomposición. Una brisa convirtiendose en huracán.
Después salimos. Mi papá nos saco a todos de casa, levanto a los vecinos y nos subio a todos a nuestro viejo, mira vos que símbolo, Ford Falcon verde modelo 1974, para festejar. No, no habían ganado los suyos. Pero supongo que eso a esa altura ya no importaba. Estabamos despiertos, vivos, ganando terreno. Recuperando algo que yo no sabía que habíamos perdido. La calle era nuestra otra vez. Y no importaba nada. O importaba todo. Porque lo que tanto cantaban que se iba acabar, finalmente se acabo.
Lo último que me viene a la mente de aquel día es el living en semi penumbras, la familia dormida, la tele encendida cantando los computos de la elección, un pucho (Jockey Club) consumiendose sobre el cenicero en la mesa y los oscuros bigotes de mi viejo (todavía sin atisbos de canas) escondiendo una sonrisa de satisfacción. Me fui a dormir en un país que era otro. Y el mismo a la vez. Ya habría tiempo para entender eso.
Recuerdo vividamente el 30 de octubre de 1983. Recuerdo colores, sensaciones, la excitación extraña de algo nuevo e incompresible para un chico de siete años. Recuerdo la historieta de Superhijitus en mis manos, la lectura en el balcón y el sol allá arriba, alumbrando, marcando el camino de salida del tunel del horror.
Era temprano. Las nueve de la mañana. O las diez, tal vez. La gente iba y venía en la puerta de entrada del colegio (que era también mi colegio) que estaba al lado de mi casa. Se veían como hormigas desde la inconmensurable altura que para mi representaban los seis pisos que me separaban del suelo. Eran como hormigas concientes de la fundamental tarea que les tocaba desempeñar en ese día tan particular.
Recuerdo la espera, porque en ese tiempo había que esperar. Y era raro, porque había tenso placer en esa espera. Era radio AM y cuatro canales de televisión. Nada más. Las conexiones en vivo con el centro de computos instalado en el Correo Central actualizaban las informaciones. Ahí, en un gigantesco pizarrón, el más grande que mis ojos escolares hubieran visto jamás, señores de traje anotaban cifras. Números que crecían lentos, pero que confirmaban que la dirección del viento estaba cambiando. Limpiando el aire fétido de largos años en descomposición. Una brisa convirtiendose en huracán.
Después salimos. Mi papá nos saco a todos de casa, levanto a los vecinos y nos subio a todos a nuestro viejo, mira vos que símbolo, Ford Falcon verde modelo 1974, para festejar. No, no habían ganado los suyos. Pero supongo que eso a esa altura ya no importaba. Estabamos despiertos, vivos, ganando terreno. Recuperando algo que yo no sabía que habíamos perdido. La calle era nuestra otra vez. Y no importaba nada. O importaba todo. Porque lo que tanto cantaban que se iba acabar, finalmente se acabo.
Lo último que me viene a la mente de aquel día es el living en semi penumbras, la familia dormida, la tele encendida cantando los computos de la elección, un pucho (Jockey Club) consumiendose sobre el cenicero en la mesa y los oscuros bigotes de mi viejo (todavía sin atisbos de canas) escondiendo una sonrisa de satisfacción. Me fui a dormir en un país que era otro. Y el mismo a la vez. Ya habría tiempo para entender eso.
Yendo a la música, en aquel entonces, el rock nacional tuvo un singular florecimiento creativo con artistas que llegaron para aportar desenfado, ironía, humor y... baile!!! Tantos años de opresión y censura, sirvieron como caldo de cultivo. Tanto vivir para adentro, necesitaba una valvula de escape. Un grito de libertad, sintetizado a la perfección por Virus. Había que salir del agujero interior.
Como ejemplo, acá van cinco disco argentinos, editados en el histórico 1983.
Del disco Agujero interior Spinetta Jade - Resumen porteño
Del disco Bajo Belgrano Los Twist - Ritmo colocado
Del disco La dicha en movimiento Los Violadores - Represión
Del disco Los Violadores Charly García - No soy un extraño
Del disco Clics Modernos
viernes, 20 de septiembre de 2013
El tema del viernes: El karma de vivir al sur
Ya he dicho en algún viejo post que mi época favorita dentro
de eso que hemos dado en llamar rock argentino, es la de los ochentas. Tengo la
plena convicción que, en parte, mi fascinación por esa etapa se debe a la
trilogía de Yendo de la cama al living, Clics Modernos y Piano Bar (o
tetralogía si se quiere incluir Parte de la religión) editada por Charly García
durante aquellos años.
Estos cuatro discos representan un momento brillante en la
carrera de García. Quizás el de su máximo esplendor. Un ciclo virtuoso inigualable, en el cual el
del bigote bicolor hace alarde de una de sus principales virtudes, transformar
en canciones el estado de ánimo de los que fatigamos estas tierras.
Por expreso pedido de Ignacio López (@Nacholopez89), el Tema
del viernes de esta semana le corresponde al genial Carlos Alberto García
Moreno, Charly. Disfruten de El karma de vivir al sur.
Que descansen, que la pasen bien bonito. Tengan un
bombástico fin de semana.
Comenten: ¿Qué etapa en la carrera de Charly García es la que más les gusta? Y además, digan que canción les gustaría escuchar la semana que viene en #ElTemaDelViernes.
Charly García – El karma de vivir al sur
Del disco Parte de la religión (1987)
sábado, 25 de mayo de 2013
En concierto: Charly García
“Lo que pasa es que yo hago el gol y no vale porque estoy en offside. Siempre estoy un paso más adelante que los demás”
Charly García
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Nos vamos poniendo verdes
Una semana atrás, entre Julian (autor de Mi tema del día) y un servidor, impulsamos a Tamara (responsable detrás de Viaje a Uqbar) a que armara una lista de canciones relacionadas al color amarillo. Del posteo resultante, surgió la idea de La Saga Cromática. Una iniciativa que cruza los tres blogs y que consiste en armar playlists con un color determinado. El verde fue mi elección.
Vaya uno a saber por qué, la mayoría asocia al verde con la esperanza. Claro que, de ahí a vincularlo con el abominable hit concebido por, el desteñido clon de Calamaro, Coti Sorokin e interpretado por Diego Torres, que taladro nuestros oídos a principios del siglo veintiuno, hay un simple paso. Afortunadamente, no es el mio.
Para mí, y quizás la razón en que se haya convertido en mi color favorito y en mi elección obvia para mi parte de la faena en La Saga Cromática, pensar en verde es pensar en fútbol y amigos. Es recordar la historia llena de gloria esquiva y gestas épicas, de un grupo de troncos entusiastas que veinte años atrás decidieron encomendar sus domingos, casi como algo religioso, a despuntar el vicio del balompié.
Hay una hermosa frase de Dante Panzeri, que pueden encontrar en su libro Dinámica de lo impensado, que resume a la perfección aquello que escribí renglones arriba. Dice así: Una de las leyes del fútbol que más hermoso lo hacen, es aquella de que todos necesitan de todos y nadie puede subsistir o triunfar por sí solo. Fútbol es amistad.
Es un ejercicio de asociación libre. Pero sirve para cumplir mi parte en el asunto. Lo que sigue es una lista con cinco canciones esmeralda. Un top five verde. Como la camiseta del viejo y glorioso Manzi F. C.
Comenten: ¿Qué temas relacionados al verde se les ocurren para agregar a la lista?
The Cure – From the edge of the deep green sea
Del disco Wish (1992)
Creedence Clearwater revival – Green river
Del disco Green river (1969)
Neil Young & Pearl Jam – Big green country
Del disco Mirrorball (1995)
Almendra – Campos verdes
Del disco Almendra (1969)
Charly García – Estoy verde
Del disco Clics modernos (1983)
Creedence Clearwater revival – Green river
Del disco Green river (1969)
Neil Young & Pearl Jam – Big green country
Del disco Mirrorball (1995)
Almendra – Campos verdes
Del disco Almendra (1969)
Charly García – Estoy verde
Del disco Clics modernos (1983)
martes, 21 de agosto de 2012
Mi disco perfecto: Piano Bar
Especial para DISCOS PERFECTOS
Por prudencia o no haber sabido entender de qué se trata el
sitio, quiero corroborar las impresiones que me generó, para saber si coinciden
con las intenciones de creador. Entiendo que se trata de un sitio de música
pero, sobre todo, es un sitio de subjetividad. A ver si me explico un poco
mejor.
La música es subjetividad. De su creador, de su intérprete,
de su oyente, de su consumidor. ¿Este sitio trata de eso? Si es así,
continuemos. Mi colaboración no tendrá relación con una crítica musical de las
que se proponen como objetivas –y mienten, claro- ni tampoco como el de un tipo
que reconoce un La mayor con sólo escucharlo (y me da bronca no poder hacer
eso). Mi colaboración tiene sentido en tanto y en cuanto soy un oyente
ecléctico de música desde hace varios años, gustoso de conocer cosas nuevas
aunque, debo reconocerlo, en los últimos años mi curiosidad fue decayendo y me
fui convirtiendo en un relector –sé que no da esa palabra, pero reescuchador es
horrible- de varios discos. Melómano? Tal vez. Sé que hay mejores y más agudos
oyentes. Pero, créanme, escuche mucho y muchas cosas varias veces. Es por eso,
quizás, que estoy escribiendo esto sin haber vuelto a escuchar mi disco
perfecto en cuestión.
Sin embargo, estamos hablando –siempre y cuando no me
equivoque- de subjetividad. Y en este sentido debo marcar un mínimo error en el
nombre del sitio: debería ser en plural. No existe el disco perfecto. No. Son
muchos los discos perfectos.
Pero aquí estamos y es tiempo de dejar las peroratas de lado
y elegir. Uno. El primero. Mi disco perfecto para mi primera colaboración. Por
su música, por su época pero, en especial, por mi subjetividad, por mi vida.
Señoras y señores: Charly García. Señoras y señores: Piano Bar (1984).
Los primeros cuatro golpes de Willy Iturri a su redoblante
para dar inicio al disco y a Demoliendo Hoteles, su primer tema, me siguen
emocionando. Mucha fuerza, un sonido cuasi metálico, único; un tambor a lo
Charly García. Después, un par de notas del bajo de Alfredo Toth y la banda que
se larga. Entera. Plena. Y empieza a cantar Charly, que aún cantaba,
desgarrándose. “Yo que crecí con Videla” decía. Y mentía, porque él había
crecido antes, bajo el signo de otras botas. Pero lanzaba un puente hacia los
más jóvenes, los que habían crecido con Videla. Yo no crecí con Videla, si
entiendo crecimiento con tomar conciencia de las elecciones que uno va
haciendo, estéticas, de amigos, de adolescente. Charly no cantaba por él, ni me
cantaba a mí. Pero le cantaba a un reverdecer democrático, que algunos llamaron
primavera alfonsinista. Época que tampoco viví a pleno, era chico. Pero Charly
se transformó en una especie de puente y quería airearse. Y los pibes en la
esquina pintando y pegando carteles.
Vuelvo a los cuatro golpes de batería que inauguran el
disco. También inauguraron mi nuevo equipo de música. Digo nuevo, no por
renovación, sino que antes escuchaba algunos discos en el tocadiscos familiar.
Y tenía 15 años. Y le rompía las bolas a mi viejo para comprar un equipo. De
esos modulares: amplificador, cassettera, bandera, sintonizador y, ya era un
lujo, ecualizador. Bueno, el presupuesto no dio para un equipo modular posta,
sino uno que simulaba serlo. Raro. Todo integrado en sus partes, de manera
vertical, pero sin ser un centro musical. Alguien se debe acordar.
Entonces, equipo nuevo requería disco nuevo. Y entonces
Piano Bar. Y entonces los cuatro golpes de Iturri. Y antes mi emoción de apoyar
la púa. Y después y ahora…uno de mis discos perfectos.
Sigue con Promesas sobre el bidet –no abandonen la lectura
ahora, no voy a ir tema por tema- y ritmo sincopado, extraño. Y García
maravilloso, con pocas palabras citadas describiendo un estado único: calambres
en el alma.
Y los nuevos peinados nuevos. Y otro guiño a la nueva época.
Y todo es válido, ir a la derecha, virar hacia la izquierda, ya no querer
criticar posturas. Y gritá, desenchufá el cable del parlante. Viví. Eso es
Piano Bar, ganas de vivir los nuevo tiempos. Aunque su sonido no sea tan
novedoso como lo fue Clics Modernos, el disco predecesor, recuerdo que Piano
bar fue recibido con beneplácito por la crítica especializada. Volvió Charly,
decían.
El disco tiene temas que están en la memoria de todos.
Además de los mencionados, Parte de la revolución, un infaltable en cualquier
playlist de García.
Me gustan todas las canciones, le encuentro detallitos que
me atraen. El disco transmite una atmósfera de frescura, de cierta alegría, de
energía. Y nosotros, muy contentos.
Recuerden que ustedes también pueden participar de esta
sección. Para eso sólo tienen que escribir sobre ese disquito que les vuela la
peluca y enviar un mail a discosperfectos@hotmail.com
Charly Garcia – Piano Bar
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Raros peinados nuevos
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Promesas sobre el bidet
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Demoliendo hoteles
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Cerca de la revolución
Del disco Piano Bar (1984)
lunes, 24 de octubre de 2011
Al gran Charly, salud!
Charly García cumplió ayer 60 años. Teniendo en cuenta que hacer un repaso de su vida y obra ameritaría varios posteos, o un blog aparte, elegí hacer foco en el que, para mí, es el mejor disco de su carrera solista. Para celebrar el aniversario de una de las figuras claves del rock nacional, daremos un breve paseo por Clics Modernos.Editado en el histórico año de 1983, el segundo trabajo solista del ex Sui Generis, primero de una trilogía magistral que continuaría con Piano Bar (84) y Parte de la religión (87), fue grabado en los estudios Electric Ladyland, que fueron propiedad de Jimi Hendrix, en New York. El ingeniero de grabación fue Joe Blaney, elegido porque había trabajo con The Clash en Sandinista.
Clics Modernos es García simplificando las formas y dando un salto
hacia el futuro. Durante su estadía en esa ciudad, Charly empezó a trabajar con sintetizadores. Factor que jugaría un rol decisivo en el sonido de la nueva placa. De los complejos cambios de ritmo de Serú Girán a la aparente simpleza de una máquina de ritmos. Un poco más pop, si. Un poco más bailable, también. Pero sin perder el filo de sus palabras. Esa forma única que tenía el bicolor de contar la realidadClics Modernos es un disco de cambio. De una enorme significación. Y no sólo para su autor. Cuando el álbum salió a la calle, el país desandaba las últimas horas de uno de los períodos más oscuros de su historia. Los ecos de la brutal dictadura que se sostuvo en el poder entre 1976 y 1983, rebotan en esas nueve canciones cargadas de ironía, dolor y una amarga esperanza (Los carceleros de la humanidad no me atraparan, dos veces con la misma red).
La presentación se hizo en el estadio Luna Park los días 15, 16, 17 y 18 de diciembre. La banda que acompaño a Charly García en esos shows era un lujoso seleccionado del rock nacional: Pablo Guyot (GIT, Raúl Porchetto) en guitarra, Alfredo Toth (Los Gatos, GIT) en bajo, Willy Iturri (GIT) en batería, Daniel Melingo (Los Twist) en saxo, Gonzo Palacios (Soda Stereo, Fricción) en saxo, Fabiana Cantilo (Los Twist) en coros y Fito Páez en teclados.
Lo que sigue son cinco canciones de Clics Modernos, extraídas de aquellas presentaciones en el palacio de los deportes porteño. Disfrutemos ahora de Charly García en su mejor forma.
Charly García – Nuevos trapos
Del disco Clics Modernos (1983)
Charly García – Ojos de video tape
Del disco Clics Modernos (1983)
Charly García – Los dinosaurios
Del disco Clics Modernos (1983)
Charly García – Dos cero uno (transas)
Del disco Clics Modernos (1983)
Charly García – Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)
Del disco Clics Modernos (1983)
martes, 16 de agosto de 2011
Desenchufalo (5 grandes unplugged)
Leí una nota en la que Luca Prodan sostenía que un músico de verdad, un músico real, era el que lograba conmover usando tan solo una guitarra criolla como arma. Un artista tocando el corazón de su público despojado de todo artilugio. Desprovisto de la electricidad que amplifica y distorsiona. Desenchufado. Unplugged.
¿Quien sabe? A lo mejor, los ejecutivos de MTV, cuando todavía era una cadena de música, se inspiraron en las palabras del cantante de Sumo, para dar vida a uno de sus programas más recordados.
Los MTV Unplugged comenzaron a emitirse en forma regular en 1989, ideados por los productores Bob Small y Jim Burns. Grandes artitas tuvieron su paso por el nuevo show. Pero recién dos años después tendría su envión definitivo con la participación de Eric Clapton. El envio del que fue parte el guitarrista inglés se convirtió en un éxito mundial, que instalo al programa como una marca en si mismo. Como algo en lo que cualquier artista iba querer participar.
Vale la aclaración. El canal estadounidense no invento el formato. Sólo le agrego con múltiples beneficios, bonitos escenarios, velas, gente linda como público y su poderosa maquinaria de difusión, a algo que ya estaba inventado. Por dar un ejemplo, sin necesidad de viajar al norte, en la década del setenta, destacados músicos de la escena rockera argentina (Raúl Porchetto, León Gieco, Edelmiro Molinari y Gabriela, entre otros), organizaron lo que se llamo “El Acusticazo”, un festival que derivo en disco en vivo.
Musicalmente hablando, dentro de lo acústico, que siempre escondía alguna trampita, como la distorsión en la intro de “The man who sold the world”, se podían encontrar dos vertientes. Los que se simplemente se desenchufaban y realizaban una trascripción fiel de sus canciones, sólo desprovistas de instrumentos eléctricos. Y aquellos que seducidos por las posibilidades de la producción, se reversionaban a si mismos recurriendo a cuartetos de cuerdas, instrumentaciones orientales, coros, y etc.
Como ya dije, la lista de bandas y músicos, de los buenos y de los otros, que han pasado por los MTV Unplugged es larga y no voy a desmenuzarla en este sagrado espacio. Acá lo que mejor sale es hacer listas. No voy a hacer otra cosa. Por eso, pueden disfrutar a continuación de un repaso por cinco desenchufados, más un bonus track, que no deberían faltar en la discoteca/videoteca de cualquier amante de la música que se precie de tal.
Nirvana – T
he man who sold the world
Del disco MTV Unplugged (1993)
En su momento la presencia de Nirvana causo cierta controversia. Pero aún con una guitarra acústica, Cobain no perdió intensidad. De paso, nos regalo una de sus imágenes más icónicas y reconocibles (tan sencillo con su saco de lana) y un magnífico cover de, todos de pie, David Bowie: The man who sold the world
Charly Garcia – No soy un extraño
Del disco Hello! (1995)
Un Charly a pleno, antes de su transformación completa en Say no more. Apuntalado por una gran banda, García canta todo lo que puede y demuestra su exquisita calidad como pianista.
Eric Clapton – Layla
Del disco MTV Unplugged (1992)
La madre de todos los unplugged, significo además un acercamiento a las raices bluseras del hombre que alguna vez fue llamado Dios. Un viaje que se complementaría tiempo después con el eléctrico From the cradle.
Luis Alberto Spinetta – Durazno sangrando
Del disco Estrelicia Unplugged (1997)
Siendo “El Flaco” un hombre poco afecto a los medios y a la exposición, fue raro verlo viajando a Miami para ponerle el cuerpo a la gran cadena norteamericana de música. Sólo escuchar el comienzo del show con “Durazno sangrando” pagaba todo…
Kiss – Rock & roll all night
Del disco MTV Unplugged (1996)
Un acústico con la formación sin disfraces, y la participación especial de Ace Frehley y Peter Criss. Tan exitosa resulto la reunión de los cuatro miembros originales de la banda, que derivo en el regreso de los carapintadas para una gira mundial.
Bonus track
Alice in chains – No excuses
Del disco Unplugged (1996)
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